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La Coctelera

lidiaelena

1 Abril 2009

Bestiario II

Avelixir

Mendigaba un instante que durara la amplitud del bostezo del manvantara. Dijo venir de donde se refugian las mareas y la noche termina apoderándose del sueño, y del deseo de dormir. Era escasamente feliz aunque sus ojos le sonreían a todo. Se alimentaba de pequeñas historias urdidas junto al fuego (nunca menguaba su hambre). Prefería los espacios reiterativos, la súplica a la acción: creía que llegaría a abarcar el tiempo.

Pronto se nos reveló el secreto del avelixir: su método consistía en desintegrar al mundo en un bálsamo. Cuando ocurría destilaba una espuma casi plástica mientras se agitaba en un sismo; su mutismo era sinónimo de que gestaba un fragmento de vida, e instantáneamente, moría otro. Llegó a ser disipado, suplicaba una eternidad que finalmente lo despojara de la idea de si.

Fue predecible su partida, algún fragmento suyo quedó entre las estatuas.

Lidia Elena©

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